Amigos del Camino
 de Santiago de Cuenca

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Mateo M. Ayllón s/n

16001 Cuenca

Telf. 669 93 42 72

Horario: miércoles de
6,30 a 8,30 de la tarde

 

Contacto AACS de Cuenca

Francisco Patiño

  

  Las tierras de Cuenca conservan todavía frescas las huellas con que la Orden de Santiago las impregnó. Es bien notorio a todos. Pero quizás es menos conocido que en nuestra antigua historia tampoco falta la práctica y el espíritu de la peregrinación jacobea. En modo alguno es ajena a nuestros paisajes la imagen jacobea del bordón y la esclavina, la venera y la escarcela. La primavera de 1624 ve salir de un pequeño pueblo conquense tres peregrinos que parten hacia Santiago. Tienen excepcionales motivos para peregrinar, o solamente tenían aquellos motivos "que eran el fundamento de la peregrinación a Santiago, es decir, los prodigios obrados en favor de los devotos del Apóstol". Prodigios que se verán aumentados al final del la peregrinación, como vamos a referir.

    Nació Francisco Patiño en la villa de Monteagudo, en el Obispado de Cuenca, hacia el año 1590, hijo de Paulo de la Huerta y Ana López vecinos de dicho lugar. Tercero de cinco hermanos, dos de ellos muertos de corta edad, él mismo huérfano sobre los doce, abandona su pueblo natal para buscar fortuna. A los tres años se instala en San Clemente de la Mancha, no muy distante de su lugar de nacimiento. Un tiempo después toma plaza en uno de los navíos que hacen la travesía para Italia.

    En uno de los viajes, los turcos abordan su nave y toman cautivo a nuestro Patiño con otros doscientos cincuenta soldados y marineros. Es llevado a Argel y de allí a Constantinopla. Cinco largos años de cautiverio le esperan junto al Bósforo. Viéndose en tan triste estado, hace voto al señor Santiago de visitar su santo cuerpo en la ciudad de Santiago de Galicia, dándole Dios la libertad del cautiverio.

    Galeote en las galeras del turco, una tormenta les obliga a acercarse a las costas de Malta para guarecer las naves. Allí se encuentran con galeones cristianos que, arremetiendo contra ellos, presentan batalla. El suceso, favorable a la armada cristiana, ve la libertad de Patiño. Al fin, la vida le sonríe. Los cautivos liberados marchan a Sicilia. Dos meses permanece allí. Español del glorioso siglo de oro, toma plaza de soldado en la guarnición del fuerte de Correza, ducado de Módena. Puede comprar una pequeña casa en Villagaide, a tres leguas de la ciudad de Parma. Allí se casa "por amores" con María Franchis hacia 1620.

    Cuenta Patiño treinta años bien granados. Tiene como oficio ser "soldado de su Majestad" y se sustenta del sueldo que se le da y de labrar algunas tierras. Algo se ayuda enseñando a algunos niños a leer y las oraciones, pues aunque no mucho, sabe leer y escribir el romance español, el latín de imprenta y la lengua italiana. Dos niños, Francisco y Catalina, le nacen al matrimonio en lo que ya parece una vida sosegada.

    A los tres años de casados, en la noche del 24 de julio de 1923, estando acostados y profundamente dormidos, se declara en la casa un pavoroso incendio. Al gran ruido del incendio y las voces que daban las gentes que acudieron a apagarlo, despiertan. Saltan de la cama, en camisa y descalzos, y queriendo valerse no pudieron porque el fuego les tenía tomadas las puertas. La mujer daba grandes voces a Dios pidiendo misericordia. Patiño hacía lo mismo y en angustioso trance dijo: "Bendito apóstol Santiago, valédeme que prometo de ir en romería a visitar vuestro santo cuerpo a Santiago si me libráis de tanto peligro". En diciendo esto se les apareció el Bendito Santo en medio del fuego, en figura y traje de romero, vestido con una vestidura larga hasta media pierna y encima de los hombros una esclavina, ambas de color pardo. La figura del rostro era de hombre viejo y buena cara, a la cabeza un sombrero con concha, en la mano un bordón de peregrino. Al punto desapareció y en ese momento se apagó el fuego, luego cayó la casa. Aunque la casa cayó sobre ellos, no les hizo ningún mal ni el fuego les tocó. Era una media hora antes de que amaneciese el día del Señor Santiago. Salieron de la casa por encima de las paredes, que no quedó de ellas más de vara y media de altura, entre las piedras caídas y quemadas, sin acordarse de cosa que tuvieran en casa, ni ropa para vestirse. Un labrador, Juan Parracin y su mujer Benedicta les dan vestidos.

    Ya día claro, acompañados de la gente que había acudido a su auxilio, se dirigen a la cercana iglesia de San Antonio en la que se celebra la fiesta de Santiago. En la iglesia estaba pintada la imagen del apóstol en figura de romero. En cuanto Patiño la vio dijo a voces: "Este es el Santo que se me apareció en el fuego de mi casa". Y ya no habló otra cosa en la iglesia sino rezar quedo. Terminada la misa, un caballero, el conde de San Pol, les recoge en su casa. Estando en ella, se acordaron de los niños. Algunas personas fueron a buscarlos y los hallaron muertos pero ni siquiera tocados por el fuego, aunque se quemó toda la ropa y la cama en donde los habían acostado. Los sacaron en sus camisas sin quemarse cosa alguna de ellos. Cuando se corrió la voz del milagro, el duque de Módena hizo que se los llevasen aquel mismo día en su presencia, tal como estaban. El caballero conde de San Pol propone a Patiño el trueque de la casa donde los había recogido por la casa quemada, pues es su deseo levantar en ella una iglesia al Señor Santiago, por devoción. El Prior del obispo de Parma y el Inquisidor general del distrito levantaron atestado de lo sucedido. Pertrechados con los testimonios del Prior y del Inquisidor, con las abundantes limosnas del Duque de Módena y de otros señores, sin demoras, a los quince días comienzan ambos esposos la peregrinación, larga y arriesgada, hasta Compostela. Cerca de la ciudad de Arles, unos ladrones los asaltan. Les roban despojándoles de todo cuanto llevaban y no más les dejan que la camisa y los papeles. Pronto les socorre un Capitán español con vestidos y dinero. Por el camino de la costa pasan a España. Atraviesan Barcelona y Tarragona. A los postreros días del mes de diciembre llegan al Monteagudo natal de las tierras de Cuenca. Patiño se da a conocer a sus parientes, que son muchos. A cuantos a él se llegan cuenta sus extraordinarios sucesos. En Monteagudo se detiene todo el invierno, especialmente crudo "por el rigor tan grave de las nieves". Mediado marzo, acompañados por Sebastián de la Huerta, joven de 25 años, primo de Patiño, comienzan el camino a Compostela. Es verosímil que tomaran el camino real que, pasando cerca de Monteagudo, iba por Cuenca a Burgos. Del itinerario nos consta que pidieron limosna y albergue en Astorga y después en Molinaseca.

    Las torres de Santiago las divisan en la mañana del 22 de abril. Al mediodía llegan a la catedral. Confiesan esa misma tarde. El primo Sebastián lo hará al día siguiente en el Colegio de la Compañía de Jesús. El 23 por la mañana comulgan en la capilla del Rey de Francia y abrazan la imagen del Apóstol. No cuentan las fuentes qué sensaciones experimentaron, pero si la más profunda emoción embarga a todo peregrino que abraza al Apóstol, cuál sería la de éstos.

    Sobre la una del la tarde de ese mismo día, dieron vuelta para su tierra. A nadie muestran sus testimonios. A nadie dicen cuanto les ha ocurrido. Caminaron como tres leguas aquella tarde, hasta llegar a Puente Ulla donde preparan para dormir. Antes que saliese el sol pero ya claro día, vieron que a la entrada del puente, a la mano derecha, había una capillita con las imágenes del Señor Santiago y de Nuestra Señora. Ante ellas se hincan de rodillas para hacer oración.

    Cuando intenta levantarse Patiño notó que tenía como trabadas las piernas. Quiso andar y no pudo. Hizo un segundo y tercer intento pero inútilmente. Le parecía que de la imagen del Apóstol salía un gran resplandor que le impedía el camino de tal manera que no se podía tener en los pies, ni caminar, hasta que cayó desmayado al suelo. María, su mujer, tampoco podía tenerse en los pies, ni caminar y se desmayaba. Se les ponía delante de los ojos una claridad como fuego que les quitaba la vista de los ojos. Sebastián, que nada sentía, intentaba ayudar a ambos. Volviendo un poco en sí y recobrado el conocimiento, Patiño dijo:"Volvamos a Santiago". El camino de vuelta se recorre sin desmayo ni impedimento en los pies. Es que a pesar de estar obligado conforme a su voto a manifestar el milagro, no lo había hecho por imaginar que estando pobre, como estaba, no podía presentar una ofrenda proporcionada.

    Con presteza acuden al Colegio de la Compañía de Jesús, donde se había confesado Bartolomé. Encontrado el confesor, Patiño se arroja a sus pies, contando lo sucedido y pidiendo consejo sobre lo que ha de hacer. El Padre aconseja ir a buscar al señor Deán de Santiago para que le manifiesten el milagro. No encuentran al Deán. Se encaminan a la iglesia mayor preguntando por el Penitenciario, señor Sánchez. Lo encuentran y a él narran cuanto ha sucedido. Se inician con rapidez las diligencias. Se presentan los documentos del Obispo de Parma y del Inquisidor de la ciudad de Regio al Cabildo de la catedral compostelana. Este por medio de un escrito firmado por el Doctoral, Dr. Cangas, y el Procurador, Lic. López Mella, pidió al gobernador eclesiástico y Provisor, Dr. Narváez, que se abriese una investigación y se sometiese a Patiño y a sus compañeros a minucioso interrogatorio. Así lo hizo el Provisor por auto dictado en 26 de abril, nombrando Juez especial al Lic. D. Juan Bautista de Herrera, Deán de Tuy, Prior y Canónigo de Santiago. Completada la información el día 2 de mayo, el Provisor interpuso su decreto mandando que se entregase al cabildo para que la pusiera en el archivo y en todo tiempo hubiese memoria de estos sucesos.

In memoriam

    La Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Cuenca, para no ser desmemoriada, pone todos estos sucesos admirables a conocimiento de cuantos estas líneas lean. Promueve con el Ayuntamiento de Monteagudo de las Salinas un sencillo monumento en memoria de sus más esforzados peregrinos. Y desde 1993, siempre que es Año Santo, peregrina a la Casa del Apóstol en Compostela partiendo de Monteagudo por la ruta de Francisco Patiño y sus compañeros.

    La documentación sobre la peregrinación de Francisco Patiño, María de Franchis su esposa, y Sebastián de la Huerta está publicada por Antonio LÓPEZ FERREIRO: Historia de la Santa Apostólica Metropolitana Iglesia de Santiago. Tomo IX, págs. 315-318. Apéndices documentales XI (págs. 50-52) y XII (págs. 53-74). Nuestro agradecimiento al que fué Obispo de Cuenca, D. José Guerra Campos, por facilitarnos tanto la noticia como los documentos referidos.


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