Amigos del Camino
 de Santiago de Cuenca

El Piñonero, socio colaborador de A.A.C.S. de Cuenca. Patrocinador de esta Web.

Menú

Principal
Camino Práctico
Actividades
Ruta de la Lana
Camino del Norte
Fotos 
Vídeos
Foro Ruta Lana
Foros y Listas
El Tiempo
Enlaces
Perlas Jacobeas
Por un camino limpio, respétalo.

Sede

Hospital de Santiago

Mateo M. Ayllón s/n

16001 Cuenca

Telf. 669 93 42 72

Horario: miércoles de
6,30 a 8,30 de la tarde

 

Contacto AACS de Cuenca

ODA XX - A SANTIAGO

     

Las selvas conmoviera, 
las fieras alimañas, como Orfeo, 
si ya mi canto fuera 
igual a mi deseo, 
cantando el nombre santo Zebedeo; 

y fueran sus hazañas 
por mí con voz eterna celebradas, 
por quien son las Españas 
del yugo desatadas 
del bárbaro furor, y libertadas; 

y aquella Nao dichosa, 
del cielo esclarecer merecedora, 
que joya tan preciosa 
nos trujo, fuera agora 
cantada del que en Citia y Cairo mora. 

Osa el cruel tirano 
ensangrentar en ti su injusta espada; 
no fue consejo humano; 
estaba a ti ordenada 
la primera corona, y consagrada. 

La fe que a Cristo diste 
con presta diligencia has ya cumplido; 
de su cáliz bebiste, 
apenas que subido 
al cielo retornó, de ti partido. 

No sufre larga ausencia, 
no sufre, no, el amor que es verdadero; 
la muerte y su inclemencia 
tiene por muy ligero 
medio por ver al dulce campanero. 

[¡Oh viva fe constante! 
¡oh verdadero pecho, amor crecido! 
un punto de su amante 
no vive dividido; 
síguele por los pasos que había ido.] 

Cual suele el fiel sirviente, 
si en medio la jornada le han dejado, 
que, haciendo prestamente 
lo que le fue mandado, 
torna buscando al amo ya alejado, 

ansí, entregado al viento, 
del mar Egeo al mar de Atlante vuela 
do, puesto el fundamento 
de la cristiana escuela, 
torna buscando a Cristo a remo y vela. 

Allí por la maldita 
mano el sagrado cuello fue cortado: 
¡camina en paz, bendita 
alma, que ya has llegado 
al término por ti tan deseado! 

A España, a quien amaste 
(que siempre al buen principio el fin responde), 
tu cuerpo le inviaste 
para dar luz adonde 
el sol su claridad cubre y esconde; 

por los tendidos mares 
la rica navecilla va cortando; 
Nereidas a millares 
del agua el pecho alzando, 
turbadas entre sí la van mirando; 

y dellas hubo alguna 
que, con las manos de la nave asida, 
la aguija con la una 
y con la otra tendida 
a las demás que lleguen las convida. 

Ya pasa del Egeo, 
y vuela por el Jonio; atrás ya deja 
el puerto Lilibeo; 
de Córcega se aleja 
y por llegar al nuestro mar se aqueja. 

Esfuerza, viento, esfuerza; 
hinche la santa vela, enviste en popa; 
el curso haz que no tuerza, 
do Abila casi topa 
con Calpe, hasta llegar al fin de Europa. 

Y tú, España, segura 
del mal y cautiverio que te espera, 
con fe y voluntad pura 
ocupa la ribera: 
recebirás tu guarda verdadera; 

que tiempo será cuando, 
de innumerables huestes rodeada, 
del cetro real y mando 
te verás derrocada, 
en sangre, en llanto y en dolor bañada. 

De hacia el Mediodía 
oye que ya la voz amarga suena; 
la mar de Berbería 
de flotas veo llena; 
hierve la costa en gente, en sol la arena; 

con voluntad conforme 
las proas contra ti se dan al viento, 
y con clamor deforme 
de pavoroso acento 
avivan de remar el movimiento; 

y la infernal Meguera, 
la frente de ponzoña coronada, 
guía la delantera 
de la morisca armada, 
de fuego, de furor, de muerte armada. 

Cielos, so cuyo amparo 
España está: ¡merced en tanta afrenta! 
Si ya este suelo caro 
os fue, nunca consienta 
vuestra piedad que mal tan crudo sienta. 

Mas, ¡ay!, que la sentencia 
en tabla de diamante está esculpida; 
del Godo la potencia 
por el suelo caída, 
España en breve tiempo es destruida. 

¿Cuál río caudaloso, 
que los opuestos muelles ha rompido 
con sonido espantoso, 
por los campos tendido 
tan, presto y tan feroz jamás se vido? 

Mas cese el triste llanto, 
recobre el Español su bravo pecho; 
que ya el Apóstol santo, 
un otro Marte hecho, 
del cielo viene a dalle su derecho: 

vesle de limpio acero 
cercado, y con espada relumbrante; 
como rayo, ligero, 
cuanto le va delante 
destroza y desbarata en un instante; 

de grave espanto herido, 
los rayos de su vista no sostiene 
el Moro descreído; 
por valiente se tiene 
cualquier que para huir ánimo tiene. 

Huye, si puedes tanto; 
huye, mas por demás, que no hay huida; 
bebe dolor y llanto 
por la mesma medida 
con que ya España fue de ti medida. 

Como león hambriento, 
sigue, teñida en sangre espada y mano, 
de más sangre sediento, 
al Moro que huye en vano; 
de muertos queda lleno el monte, el llano. 

¡Oh gloria, oh gran prez nuestra, 
escudo fiel, oh celestial guerrero! 
vencido ya se muestra 
el Africano fiero 
por ti, tan orgulloso de primero; 

por ti del vituperio, 
por ti de la afrentosa servidumbre 
y triste cautiverio 
libres, en clara lumbre 
y de la gloria estamos en la cumbre. 

Siempre venció tu espada, 
o fuese de tu mano poderosa, 
o fuese meneada 
de aquella generosa, 
que sigue tu milicia religiosa. 

[Las enemigas haces 
no sufren de tu nombre el apellido; 
con sólo aquesto haces 
que el Español oído 
sea, y de un polo a otro tan temido.] 

De tu virtud divina 
la fama, que resuena en toda parte, 
siquiera sea vecina, 
siquiera más se aparte, 
a la gente conduce a visitarte. 

El áspero camino 
vence con devoción, y al fin te adora 
el Franco, el peregrino 
que Libia descolora, 
el que en Poniente, el que en Levante mora.


Fray Luis de León 
Incluido en Poesía. Fray Luis de León. Ed. Juan Francisco Alcina. Ediciones Cátedra, S.A. Colección Letras Hispánicas, 184. Octava edición de 1997.



Anterior | Delaración | Hospital Santiago | Humor | Arrés | Caminos de las Estrellas | Cantiga | Villafranca | Peregrino | Congreso europeo | Oda a Santiago | Andando | Varias Poesías | agradecimiento

Directorio de Rutas del camino de Santiago
Avisos.- Esta web no se hace responsable del contenido de los enlaces externos.
© Reservados todos los derechos