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Sede |
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Hospital de Santiago
Mateo M. Ayllón s/n
16001 Cuenca
Telf. 669 93 42 72
Horario: miércoles de
6,30 a 8,30 de la tarde
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Puesta
del Belén
en la Navidad del año 2.004
LA RUTA DEL AGUA
Sábado, dieciocho de diciembre.
“Santa María, strella do dia… la , la , la , la ,u u u u u u u…”
se repetía, como música de fondo, durante toda la jornada. Quienes aquel
dieciocho de diciembre contemplaran la primera luz habrían escuchado con plena
nitidez la cantiga que se anunciaba desde el primer nacimiento del alba de
aquella mañana. Dieciocho de diciembre.
Después, quienes la llevaban, sólo podían adivinar muy de lejos sus notas y el
inicio de sus palabras: Santa María, strella do dia … quizá porque esa melodía
resonó en otro momento de los tiempos y quedó atrapada por la eternidad entre
tus montes, dentro de sus cuevas escondida en los poros de mis rocas calizas:
Santa María, strella do dia…
Para reconocerla preciso es no usar de las voces el habitual estruendo, ni de
pensamientos el murmullo egoísta, de las palabras cuantas menos mejor.
Y de las pocas palabras escoger sólo las necesarias:”Santa María, strella do dia…”
El peregrino va en busca de un lugar que acoja el misterio. Un rincón donde
guardar la Palabra hecha carne, entre nosotros. Santa María, strella do dia, un
regazo para el nacimiento del alba en nuestros montes, dentro de nuestras
cuevas, el primer rayo de luz resguardado en el hueco de nuestras manos, hechas
como de risca, para que aquí mores por la eternidad:”Santa María, strella do día
la la la la la la u u u u u u…”
Mas llegar hasta allí tiene una subida. Fuertescusa se quedó atrás y ya sube el
peregrino por la hoz, a la que llaman Umbría del Águila. Santa María tú su luz y
su guía. Y tus pinos y el romero, árboles, arbustos y matorrales que en invierno
ya están adornados de escaramujo, muérdago y acebo para recibir al más grande de
todos los tiempos.
El peregrino camina, sube cerro arriba hasta llegar al lugar y cuando lo
descubre le da alegría porque ese lugar está entre nosotros, entre tus montes,
dentro de sus cuevas y la melodía que se esparce por entre los poros de mis
rocas calizas : “Santa María strella do dia…”
Luego hay que bajar para contaros que el peregrino llegó al lugar y que su
estrella fue la Virgen María. Oías como de muy lejos, en el fondo de tu corazón,
una melodía que seguiste, peregrino, y allá en lo alto del monte al acallarse el
viento entre los árboles, conseguiste que todo el firmamento se hiciera silencio
infinito para ponerse a los pies de aquel misterio que venido desde lo alto
alcanzaba a rozar la punta de tus dedos, con tus manos extendidas hacia el
cielo, peregrino, que así estás en la cima de su monte: El monte del Señor.
Y depositaste dentro de la cueva el Nacimiento de Luz, allí mismo en la cuenca
de tus manos, hechas como de risca, para que aquí more por la eternidad.
Y cuando el viento acallara su caricia entre los árboles , y el silencio
infinito del universo besara sus pies santos en la cima del monte, monte del
Señor, el peregrino entonó estas pocas palabras :
“Sancta María, strela do dia,
mostranos via pera Deus et nos guia.
Cave er fazelos errados,
Que perder foran per pecados,
Entender de que mui culpados son,
Mais per ti son perdonados
Da ousadía que lles fazía fazer folia mais que non debería”.
Recóndito es el misterio. Tu eres peregrino. La cantiga que discurre por tus
canales y rezuma etérea por tus poros quedará, seguramente otros seguirán
escuchando ese mismo cantar.
Luego hay que bajar. De la cueva del Águila por la Ceja de los Corralejos, ¡qué
hermosos celebran los montes la venida del Señor¡ y a bajar a San Juan por la
ermita y venir otra vez a la hoz. Subido el peregrino a la Fuente Grande bebe
agua, en toda la comarca no la hay mejor, tan limpia, tan clara, hay que venir
para tocarla, beberla y agradecerla porque el peregrino lleva ya la verdadera
agua dentro de su manantial.
Caminando va por la Campanas de Milhombres a venir al Collaíllo y luego a las
Canales. Agua, montes, respirar profundo. Como una bóveda azul de invierno: el
cielo.
Sábado, dieciocho de diciembre. El peregrino tiene entre sus manos un libro, y
bajo sus ojos azules como la bóveda pintada de una antigua iglesia, fría en
invierno, un texto:
“El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera”. Lo escribe el evangelista
Mateo,
capítulo uno.
Y en sus ojos, los ojos del peregrino, se transparenta, igual que vemos el fondo
a través de las aguas cristalinas de Fuertescusa, un texto: la lectura de la
liturgia de aquel sábado, dieciocho de diciembre. Beatriz.

Para descargar el vídeo de la marcha (enviado por Conchi Gil) pulsar
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