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Fuente de la Tía Perra
Sábado, 24 de febrero de 2001 Debido a que las últimas lluvias nos habían inundado un arroyo que teníamos que cruzar, la marcha inicial de Portilla-Majadas-Portilla no se pudo hacer ¿mala suerte?.
Como en la sierra hay multitud de rutas preciosas (¡ que buena suerte !), la
sustituimos por "La Dehesa de los Olmos". La noche se presentaba lluviosa, amenazando con suspender la marcha. Cuando llegué a la estación de autobuses y vi la cara de los congregados, comprendí que había ganas de andar. Aceptando los riesgos, y dado que habíamos quedado con un peregrino en "La Fuente de la Tía Perra", decidimos acercarnos por si había posibilidades de hacer alguna ruta. La ilusión de ver nevar con fuerza poco antes de Majadas se mezclaba con la desesperanza de hacer la marcha, pero para fortuna nuestra y después de varios titubeos, decidimos mandar un coche en avanzadilla. Las noticias no podían ser mejores, al pasar Las Majadas no llovía y además el peregrino con el que habíamos quedado estaba esperándonos. Empezamos a andar sobre las 11:45, con una ligera aguanieve, tomando como ruta alternativa ir a "La cascada del Fraile". Enseguida se quedó en un día nublado pero sin llover, ideal para andar. Todo ello supuso un paseo muy agradable por los paisajes serranos, llenos de vida, agua y belleza a raudales. La cascada del Fraile queda pendiente para otro día, pues no dimos con ella. Todo esto me recuerda a "La Parábola del Hombre Ecuánime" <<Había un hombre que tenía un caballo. Cierto día , al despertarse e ir al establo descubrió que el caballo había desaparecido. Cuando los vecinos se enteraron de ello, vinieron a verle y le dijeron: -¡Qué mala suerte has tenido! Para un caballo que poseías y se ha marchado o te lo han robado. Y el dueño del caballo, muy tranquilo, repuso: -Sí, sí, así es. Transcurridos los días. Una mañana el hombre salió al campo y he aquí que en la puerta de su casa vio que no solamente había regresado su caballo, sino que había otro con él. Se enteraron los vecinos y vinieron para decirle: -¡Que buena suerte la tuya! Ahora resulta que eres el dueño de dos caballos. El hombre repuso: -Sí, sí, así es. Como ahora el hombre era dueño de dos caballos, podía salir a montar en compañía de su hijo. Pero un día, el hijo se cayó del caballo y se fracturó una pierna. Se enteraron los vecinos y presurosos fueron a visitar al hombre y a decirle: -¡Qué mala suerte la tuya! Si no hubieras tenido ese segundo caballo... El hombre dijo con tranquilidad: Sí, ciertamente, así es. Transcurrió una semana. Estalló la guerra. Todos los jóvenes fueron movilizados, a excepción del muchacho que se había roto una pierna. Entonces enseguida lo supieron los vecinos y vinieron a decirle a su padre: -¡Tú sí que tienes suerte! Tu hijo se ha librado de la guerra. Y el hombre dijo: -Sí, sí, así es. Moraleja: La rueda de la vida gira sin cesar; solo el eje conserva su equilibrio. En el centro del tornado hay calma perfecta. |
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