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Puente Valdemorillo - Cascada de la Balsa - Fuentes del Guadazaón
Sábado, 31 de Marzo de 2001 Puntuales como siempre, 23 peregrinos nos reuníamos en la estación de autobuses. A primera hora nos dejábamos acariciar por un sol primaveral, que después del invierno se agradece. Ya en el puente de Valdemorillo, el buen tiempo nos invitaba a dejar la ropa de abrigo en los coches. Siguiendo una senda a la derecha del río aguas arriba, llegamos a un camino que nos lleva a la Cascada de la Balsa. No exagero si digo que el Nacimiento del Río Cuervo con toda su belleza, se queda pequeño ante lo que presenciaban nuestros ojos. Un espectáculo digno de verse. De entre unas rocas un surtidor de agua rompía de golpe, llenando una balsa cubierta de cañizo, de la cual sale un riachuelo que unos cien metros después a lo largo de un cortado, desde una altura considerable, se despeña en multitud de chorros, hilos de agua, gotas de todos los tamaños, con fondos de piedra y verde. Abajo, un prado encharcado, con un viejo molino en ruinas y para que no faltara de nada unas ovejas pastando y las primeras golondrinas de este año. A pesar de que nos resistíamos a dejar este sitio paradisíaco, continuamos por un camino entre pinos y plantas aromáticas. En Valdemoro hemos deleitado el agua de su fuente acompañando a un tentempié, después visita a la iglesia, y continuación de la marcha por un camino nuevo paralelo al río Guadazaón. Aunque la comida estaba prevista hacerla en Valdemoro, hemos decidido comer en la cascada, todo un acierto pues a esa hora le estaba dando el sol, y aparecía coloreada por un arco iris. Con pena de dejar semejante espectáculo de la naturaleza, regresábamos a los coches. Nos hemos acercado a Valdemorillo, pueblo rodeado de un impresionante farallón, que le da un aire de muralla natural. Ya de regreso a Cuenca, hemos visitado tres de las siete torcas con agua que forman las lagunas de Cañada del Hoyo. Un bonito remate para una jornada inolvidable. |
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