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En el siglo XVIII se hacen algunas reparaciones y se rectifican algunas obras antiguas. Se construye nueva portada de ingreso al Hospital por el mediodía, modificando la antigua puerta dorada. Esta obra es probablemente de Luis de Artiaga, maestro a la sazón de las obras de la fachada de la catedral. Sobre el dintel se coloca un hermoso escudo de los reyes de España, como administradores de la Orden de Santiago, y sobre la hornacina avenerada, donde había otra estatua de Santiago peregrino, hoy desaparecida, se pone la fecha de 1722. Frente a esta puerta de mediodía o dorada, se construyó un edificio rectangular de mampostería sobre sótano abovedado y con dos plantas de considerable altura, destinado a los capellanes de la casa, que eran siempre dos. También se conserva hoy esta edificación, con rejas antiguas y hermosos balcones con baranda de hierro forjado, y la fecha de 1737 en la clave del dintel de la puerta. Pero la obra más importante de este siglo será la iglesia. Ya en 1763 se observa que amenaza ruina, se entraba en ella con bastante miedo para celebrar la misa y los capellanes se ven obligados a retirar el Santísimo. Se pide entonces al maestro mayor del obispado, José Martín de la Aldehuela, que la vea y dé su parecer. El 20 de mayo de ese mismo año ya se tiene la declaración del maestro: es preciso derribar la iglesia antigua y hacer otra de nueva planta. Se le encarga la traza y el 6 de octubre la presenta, juntamente con el presupuesto. Toda la obra vendría a costar 139.682 reales de vellón. Se saca a subasta y, dado que en las condiciones figuraba una fianza que nadie estuvo dispuesto a dar, se determinó que se hiciera por contrata, bajo la dirección del maestro tracista. Esto era el 31 de enero de 1764. José Martín de la Aldehuela, que tantas muestras de su arte dejó en Cuenca, en las cuales además se va notando la evolución de su estilo y técnica constructiva, ha logrado en ésta una de sus más hermosas creaciones, con total predominio de la línea curva. Es de una sola nave, con capilla mayor en la cabecera y coro alto a los pies, conservándose como único acceso el de la antigua puerta de 1666, desde la galería del patio. Alrededor de una pintura de la bóveda, que representa la batalla de Clavijo, puede leerse: SE IZO ESTA IGLESIA SIENDO ADMINISTRADOR DON JOSEPH FERNÁNDEZ RELUZ, DE ESTA ORDEN, AÑO DE 1766, que parece que es el año de la terminación de los trabajos. En las pechinas de la elegante cúpula hay pinturas al fresco de los cuatro Santos Padres de la Iglesia Occidental. En los brazos del crucero grandes estucos con escenas de la vida del Apóstol Santiago, representando la de la derecha la Aparición de la Virgen a orillas del Ebro. La de la izquierda, -aunque difícil de interpretar- parece la Entrada de Santiago peregrino en el cielo, cuya puerta abre, hasta con reverencia hacia el Apóstol, la mismísima Virgen María. La ejecución de estos estucos recuerda a los existentes en la capilla mayor de la catedral, obra de los maestros italianos Pedro Ravaglio y Juan Bautista Cremona, que trabajaban por entonces en Madrid en las obras del Palacio Real. Ponz dice en su Viaje de España que "en la (iglesia) del Hospital de Santiago, que acaba de renovarse hay un cuadro de Orrente, en un altar, y es el Nacimiento de Nuestro Señor". Probablemente se refiere a un lienzo, con su monumental marco dorado, conservado hoy en el llamado Salón Santiago del Hospital, que representa la Adoración de los Magos. Al exterior la iglesia es de ornamentación muy austera, adelantándose a la línea de la fachada de Mora, de la cual, para construir una sacristía, se come una parte. Es bellísima la espadaña de doble tronera, en que termina la fachada, cerramiento ciego de la capilla mayor, en la que únicamente se puede resaltar un óculo sencillo, que daba luz al camarín de Santiago, y la cruz gladiforme entre volutas. A finales de este siglo XVIII hubo desaveniencias entre el Hospital y el obispo de Cuenca don Sebastián Flores Pavón, que había edificado su Casa de Recogidas en terrenos del primero y perjudicaba además el emplazamiento del antiguo molino. El obispo había conseguido un privilegio real para realizar la fundación en aquel lugar. |
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